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Las cosas de Dimitri Verhulst

Actualización (10-10-2010):
Pincha aquí para descargar un cuento de Dimitri Verhulst traducido al español.

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De helaasheid der dingenDe helaasheid der dingen
Dimitri Verhulst
Editorial Contact © 2006

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Dimitri Verhulst es uno de los talentos más grandes que hay actualmente en Flandes y en todo el ámbito de la lengua neerlandesa. De helaasheid der dingen, un título tan maravilloso en neerlandés como difícil de traducir a cualquier idioma (significa literalmente “La lamentabilidad de las cosas”, con palabra inventada incluida), es la obra que le ha reportado notoriedad mediática.

Ya había comentado por aquí La señora Verona baja de la colina, otra novela de Verhulst muy conmovedora y de alto contenido poético. En La lamentabilidad de las cosas (llamémosla así), el registro literario es distinto. En vez de un valle de lágrimas nos encontramos una orgía de sonrisas, risas y a veces hasta carcajadas. Sigue habiendo un trasfondo de perplejidad ante lo absurdo del mundo que habitamos y la vida que vivimos, pero aquí las situaciones cómicas ganan la partida al dolor causado por el vacío existencial.

El escritor regresa a su pueblo natal, un lugar de Flandes donde nunca sucede nada y donde la dipsomanía no es una enfermedad sino un deporte, para hacer un recorrido por su infancia y adolescencia. Allí, en sus primeros años de existencia, habitaban sus tíos, para quienes batir el récord del mundo de consumo de bebidas alcohólicas es lo más grande que un hombre puede alcanzar en esta vida y cuya devoción por Roy Orbison les lleva a invadir la intimidad de unos vecinos sin ningún miramiento con las normas más básicas de la convivencia en sociedad; su padre, que lleva a su hijo recién nacido de bar en bar en las alforjas de su bicicleta para mostrárselo orgulloso a sus amigos al tiempo que se agarra una melopea de proporciones colosales; y su abuela, cuyo descanso nocturno se ve interrumpido con demasiada frecuencia por la policía, que una vez más viene a devolver a casa a uno de sus hijos en un estado comatoso provocado por el consumo masivo de alcohol.

Verhulst es, a pesar de su corta edad, un gran estilista con mucho sentido del ritmo narrativo y con gran capacidad para atrapar al lector en novelas de media distancia como esta: doscientas páginas que se leen casi de una sentada.

Gonzalo Fernández

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Godverdomse dagen op een godverdomse bolGodverdomse dagen op een godverdomse bol
Dimitri Verhulst
Editorial Contact © 2008

La última novela de Dimitri Verhulst tiene, una vez más, un título tan ingenioso y delectable como intraducible. Godverdomse dagen op een godverdomse bol (más o menos “Días de mierda en una bola de mierda”), es una originalísima oda al inexplicable mundo en el que nos encontramos y a la demencial historia, tan absurda como, por lo que sabemos, cierta, de unos seres unicelulares que aparecen en el mar y evolucionan hasta salir del agua y arrastrarse por las playas para terminar convirtiéndose en monos pensantes, seres humanos que inventan guerras, traiciones, conflictos e intrigas, movidos por instintos que casi siempre tienen su explicación última en la búsqueda de satisfacción sexual. La evolución como hilo conductor de un relato condensado en menos de doscientas páginas, un big bang de palabras, pequeñas historias y aforismos que nos llevan a través de todos los eventos y lugares significativos de la historia del hombre sin mencionar ninguno de ellos por su nombre, sin mencionar siquiera al propio ser humano, al que el autor se refiere como “eso”.

Verhulst ha vuelto a lograr éxito comercial y de crítica, insuflando juventud, descaro y autenticidad a la literatura contemporánea. Este escritor se encuentra en una excelente posición de partida en la hipotética carrera por convertirse en una de las grandes voces europeas del siglo XXI.

Gonzalo Fernández

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08-11-2008 at 20:29

Hugo Claus (1929-2008)

Hugo Claus

Fuente: NRC Handelsblad
Fotografía: Vincent Mentzel

Pena es una palabra demasiado limitada para describir el dolor que atrapó antes de ayer a Flandes. Esta primavera se celebraba el 25 aniversario de Het verdriet van België (en España traducido de forma demasiado acartonada como La pena de Bélgica). Una lista interminable de escritores flamencos se preparaba ya para homenajear al más honorable entre todos ellos tanto por escrito como sobre los escenarios. Pero apenas habían comenzado las celebraciones, desaparece para siempre de la escena Hugo Claus. El escritor flamenco más laureado de todos los tiempos murió en Amberes a los 78 años de edad en un momento determinado por él mismo, según la viuda. Claus padecía Alzheimer. “No tengo miedo a la muerte, sino al deterioro,” había dicho ya hace algunos años.

Con Claus muere el gran liberador de las letras flamencas, el hombre que mostró a las nuevas generaciones cómo romper las cadenas del conservadurismo y la pequeña burguesía. Tom Lanoye, Erwin Mortier, Herman Brusselmans, Stefan Brijs, Dimitri Verhulst… Sería difícil encontrar un escritor flamenco para quien Claus no allanara el camino. Pero Claus era sobre todo un escritor que se otorgaba toda la libertad a sí mismo. Libertad para acometer tabúes como el sexo y el colaboracionismo. Libertad para profundizar en la literatura universal y sobre todo libertad para experimentar y reinventarse continuamente. Con la ambición y la arrogancia de un chico de doce años, como él mismo dijo en una ocasión.

La historia de Hugo Claus es la historia de un niño prodigio que llegó al mundo de la literatura con veinte años y que, con perpetua temeridad juvenil, se negó a imponerse limitaciones. “Para mí lo único que cuenta es el experimento que inicio en cada momento,” dijo en 1978. Hugo Claus escribió prosa, poesía y teatro, pero también fue cineasta y pintor. Su bibliografía incluye más de trescientos libros.

La historia de Hugo Claus es también la historia de un hombre que compuso una obra monumental y que a lo largo de su vida sobresalió por encima de sí mismo no sólo una, sino dos veces. La primera cuando tenía 26 años y escribió los magistrales versos de De Oostakkerse gedichten (Los poemas de Oostakker). La segunda treinta años más tarde, en 1983, con Het verdriet van België (La pena de Bélgica). En esta novela, grande y grandiosa, Hugo Claus confronta a sus compatriotas con todas las miserias del país: los internados, la pequeña burguesía, el catolicismo y el colaboracionismo. Pero el libro protagonizado por el inolvidable Louis Seynaeve también es una emocionante evocación de aquello que más brilla en el horizonte de un joven: la llamada del arte. El arte como única forma de liberación. Esta novela es la historia de Bélgica, pero también es la historia del propio Hugo Claus.

El lenguaje de Claus era único. Para los holandeses se trataba del flamenco auténtico, pero era sobre todo el lenguaje de Hugo Claus. “No me gustaría caer en el uso de una lengua folklórica o provincial. Pero lamento ver cómo algunos autores están obsesionados con escribir según las normas académicas del lenguaje.”

Claus se convirtió en una estrella internacional, su nombre circuló en muchas ocasiones como potencial ganador del Nobel y La pena de Bélgica llegó a editarse en la prestigiosa serie Modern Classics de Penguin.

Hugo Claus nació en Brujas en 1929. A finales de 2006 se le diagnosticó Alzheimer, pero no quiso esperar a ver lo que esa enfermedad habría de depararle. Tenía miedo de la decadencia y el progresivo deterioro. “No quiero pasar por lo que pasó mi padre, que me suplicaba para que le consiguiera una pastilla. ‘Habla con el médico,’ me decía. Pero el médico no quería darle nada”. El hecho de que Claus sí dispusiera de esa pastilla podría considerarse como una última victoria sobre el conservadurismo contra el que luchó durante toda su vida. Pero es una victoria muy pequeña frente a una gran pena.

21-03-2008 at 12:58 1 comentario

El cuarto oscuro de Damocles

De donkere kamer van Damokles (W.F.Hermans)De donkere kamer van Damokles
El cuarto oscuro de Damocles
Willem Frederik Hermans
Editorial G.A. van Oorschot © 1958

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El cuarto oscuro de Damocles es un libro que habla sobre los límites de la percepción y la imposibilidad de definir la realidad, dos de los grandes temas de la obra de Willem Frederik Hermans.

Los eventos que dan cuerpo al relato tienen lugar entre 1940 y 1945, los años que duró la ocupación nazi de Holanda, aunque los primeros capítulos nos llevan más atrás, hasta la infancia del protagonista.

Henri Osewoudt es un estanquero lampiño y con voz de pito que lleva una vida vulgar al margen de las intrigas bélicas que asolan Europa. Un día recibe la visita de Dorbeck, un misterioso personaje activo en la resistencia que necesita urgentemente a alguien que se pueda encargar del revelado de un carrete con material supuestamente comprometedor para los intereses nazis. A partir de ese momento, Osewoudt entra en un mundo de espejos falsos y mentiras, un laberinto en el que nadie se puede fiar de nadie y donde la traición espera detrás de cada esquina. La ingenuidad del estanquero metido a héroe de la resistencia, así como su voluntad de cumplir a rajatabla las órdenes de Dorbeck, le sitúan en una posición complicada. Todos desconfían de Osewoudt: no sólo los nazis y la resistencia, sino los propios miembros de su familia, o lo que queda de ella. ¿Dónde está la línea que separa la percepción de la realidad? El gran logro de esta novela, cuyo título hace referencia a una escena en la que Osewoudt espera el revelado de una foto de Dorbeck que podría suponer su exculpación o su sentencia, es que el lector llegará a dudar de la realidad tanto como los propios personajes.

El cuarto oscuro de Damocles fue aclamada recientemente por Milan Kundera, que se preguntaba en una entrevista concedida al diario Le Monde cómo era posible que no conociera este libro.

Willem Frederik Hermans era un adolescente de Amsterdam cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, un período que le marcó para el resto de su vida. Su hermana mayor y su primo se suicidaron poco después de la invasión alemana. La confusión moral propia de los tiempos de guerra constituye un escenario perfecto para el desarrollo de las novelas nihilistas de Hermans.

El cuarto oscuro de Damocles ha sido traducida al inglés, francés, griego, alemán, polaco, finlandés, noruego, sueco y danés, entre otros idiomas. En Holanda lleva 39 ediciones, la última en 2006, lo cual supone casi una edición al año desde su aparición en 1958. Son datos que hablan de la categoría indiscutible de clásico de esta obra.

En castellano sigue sin haber traducciones de Willem Frederik Hermans, un autor esencial de la literatura europea del siglo XX que a menudo ha sido comparado con Kafka y Céline.

Actualización: A todo esto, ya hay en el mercado español dos traducciones de Willem Frederik Hermans. Tusquets publicó El cuarto oscuro de Damocles en 2009 y No dormir nunca más (Nooit meer slapen) en 2010, ambas en la traducción de Catalina Ginard.

Gonzalo Fernández

09-03-2008 at 15:50 1 comentario

La fábrica de nostalgia

De heimweefabriek (Douwe Draaisma)De heimweefabriek
Douwe Draaisma
Editorial Historische Uitgeverij © 2008

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Douwe Draaisma, conocido en España por su bestseller internacional Por qué el tiempo vuela cuando nos hacemos mayores (Alianza Editorial, 2006), acaba de publicar en Holanda una nueva obra sobre la memoria y los efectos del envejecimiento.

De heimweefabriek (La fábrica de nostalgia), consta de ocho ensayos cuyo hilo conductor es la progresiva degradación de la memoria con la edad. El mejor remedio contra la pérdida de memoria es simplemente seguir utilizándola, explica Draaisma. Pero no por medio de ejercicios de “gimnasia mental” al estilo del famoso brain training de Kawashima, sino haciendo lo que hemos hecho siempre. Es decir, sin dejar de molestarnos en aprender a utilizar un aparato nuevo (en vez de dejar que lo hagan nuestros hijos) o memorizando pequeños datos que forman parte de nuestras tareas diarias (el número de la tarjeta de débito, las contraseñas de internet, el número del DNI, direcciones postales, etc…)

Este libro matiza de forma muy documentada la impresión general que se ha creado en el mercado con la introducción de todo tipo de métodos para entrenar la memoria. La conclusión es sencilla: la memoria se deteriora si dejamos de estimularla, pero eso no significa que podamos entrenarla como si fuera un músculo con trucos, juegos y puzzles.

Douwe Draaisma pone en tela de juicio un gran número de mitos relacionados con la memoria. Así, salen a colación la supuesta utilización de únicamente el 10% del cerebro o la discutible memoria prodigiosa de algunos individuos, que normalmente es una memoria especializada. Lo que sí es cierto, es que una memoria imponente es el resultado de haberla utilizado con dedicación durante muchos años.

En cualquier caso, parece ser que seguimos sin saber gran cosa sobre el funcionamiento de la memoria. Draaisma desmenuza el asunto para distinguir hechos demostrados de mitos propagados por intereses comerciales.

Gonzalo Fernández

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Ontregelde geesten (Douwe Draaisma)Ontregelde geesten
Douwe Draaisma
Editorial Historische Uitgeverij © 2006

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¿Qué tienen en común Alois Alzheimer, James Parkinson, Hans Asperger o Sergei Korsakov? Todos ellos son personas de carne y hueso, investigadores, psiquiatras o neurólogos convertidos en palabras que definen una enfermedad, un síndrome o un trastorno autista. Al prestar sus apellidos a un concepto sus nombres de pila cayeron en el olvido y muy pronto también sus historias, sus vidas y las circunstacias de sus descubrimientos.

En Ontregelde geesten (literalmente Mentes desarregladas), Douwe Draaisma reconstruye las vidas de trece estudiosos de la mente. ¿Qué fue lo que descubrieron? ¿Quienes fueron sus pacientes? Una galería de retratos que ofrece una perspectiva poco habitual sobre la historia de la investigación de las enfermedades del cerebro.

Gonzalo Fernández

09-03-2008 at 14:41

El país de las paradojas

Een continent in het kleinEen continent in het klein
Cultuurwijzer voor het moderne Spanje
Maarten Steenmeijer
Editorial Bert Bakker © 2007

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Spain rocks. España es cool. España es moderna. El restaurante más exclusivo del mundo se encuentra en Cataluña. Las obras de Santiago Calatrava se convierten en atracciones turísticas antes incluso de ser concluidas. La sombra del viento se vende como pan caliente en librerías de los cinco continentes y La cena secreta de Javier Sierra se cuela en el top diez del New York Times, un hito jamás conseguido por ninguna novela española. Custo diseña trapos que lucen en perchas con nombres como Madonna o aparecen en series de televisión de repercusión universal como Sex and the City y Friends. Sí… tal y como publicó la prestigiosa revista Time a toda portada en 2004, Spain rocks. Pero España es también un país traumatizado, dividido y enfrentado. España es un país donde casi después de una década metidos en el siglo XXI hay heridas que siguen supurando y donde posiciones antagónicas heredadas de un pasado remoto parecen hoy más irreconciliables que nunca. España es una democracia donde el insulto es moneda de cambio habitual y el debate brilla por su ausencia, una democracia compuesta a base de retales, un país donde regionalistas fascistoides conviven con fanáticos de la unidad territorial, comunistas recalcitrantes y republicanos que queman públicamente fotografías del monarca.

El profesor Steenmeijer bosqueja con maestría las grandes paradojas de España en ciento noventa páginas que se dejan leer sin pausa, haciendo un repaso certero de más de dos mil años de historia y utilizando con gran conocimiento de causa decenas de citas literarias y periodísticas para fundamentar sus ideas. El texto está dividido en cuatro partes bien diferenciadas en las que a menudo se sacrifica el orden cronológico en favor de la claridad del discurso. A fin de cuentas, tal y como indica el subtítulo del trabajo, se trata de una Guía cultural de la España moderna y no de un libro de historia. En la primera parte el autor pone directamente el dedo en la llaga y se echa al ruedo en busca de la identidad de los españoles o de lo español, entrando de lleno en los problemas regionales, la cuestión catalana y el drama vasco. En la segunda y tercera parte hace un recorrido por la historia de la península desde los romanos hasta la Transición, el golpe de Estado, el debate sobre la OTAN, la movida, el año 92, el ascenso de Aznar, el 11-M y Zapatero, derribando muchos mitos por el camino, arramblando con cierto tabúes y poniendo los hechos en una perspectiva que sólo puede ofrecer quien observa desde fuera. En esta parte, que constituye la espina dorsal del libro, queda sobre todo claro cuál es la raíz histórica de las dos Españas y, finalmente, cuál es el trauma provocado por un proceso de transición hacia la democracia durante el que todo lo relacionado con la guerra y las atrocidades de la dictadura fue silenciado de manera consciente por ambos bandos con la coartada de no entorpecer el cambio de sistema político. Por último, la cuarta parte comienza explicando con gran precisión el efecto polarizador del debate sobre la memoria histórica que está teniendo lugar estos últimos años. Dado que ni la política ni las instituciones han sabido hasta hoy curar las heridas del pasado, han tenido que ser la literatura y el cine, ya terminada la década de los ochenta, los encargados de buscar respuestas. El autor nos ofrece una exquisita selección revisando de forma extensa y citando obras de Muñoz Molina, Aldecoa, Chirbes, Cercas, Almodóvar y otros. Esto, el hecho de que tengan que ser el cine y la literatura los encargados de ahuyentar determinados fantasmas, no deja de ser una paradoja más, pues como explica Javier Marías en una cita seleccionada con tino por Steenmeijer, no son los relatos de los testigos ni los tratados de historia quienes determinan la imagen que tenemos del pasado, sino las novelas y las películas. Es decir, la ficción. Y esto es algo difícil de digerir cuando se trata de tu propia familia y de tu propio país. Efectivamente, el cine y la literatura ayudan a paliar el dolor. Pero los españoles seguimos echando de menos una cura definitiva para los males endémicos de nuestra sociedad. Y esa cura sólo pasa por el diálogo y por realizar ciertas concesiones en ambos bandos, de forma que de una vez por todas podamos cicatrizar los traumas del pasado y volver a mirar hacia el futuro sin rencor ni resentimiento. Lo triste es que, en vista del panorama actual, queda relativamente poco espacio para el optimismo.

Si eres español y dominas el holandés, lee este libro. Te va a gustar. Si no eres español y te interesa España, su gente y su cultura, lee este libro. También te va a gustar.

Gonzalo Fernández

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Esta reseña de cosecha propia aparece en el número de marzo de 2008 de la revista Foco, publicación trimestral de la Asociación de Profesores de Español en Holanda (Vereniging Docenten Spaans in Nederland).

29-02-2008 at 15:16 3 comentarios

Papanatismo provinciano

Son cosas que ya sabíamos: en el mundo anglosajón no hay ningún interés por lo que se escribe en cualquier lengua que no sea el inglés; y en nuestra querida España casi todo lo que se traduce proviene del inglés. Esto último es lo que Manuel Rodríguez Rivero denomina, con gran acierto, papanatismo provinciano.

Manuel Rodríguez Rivero es un personaje curioso que se autodefine como crítico editorial antes que literario. Es un comentarista de los entresijos del mundo editorial, pongámoslo así. En su columna semanal en El País, Ídolos de la cueva, decía la semana pasada muchas cosas y muy interesantes sobre la publicación de traducciones.

En el citado artículo se ofrecen algunos datos que vienen a confirmar, una vez más, el pertinaz afán de los angloparlantes por mirarse el ombligo. Por ejemplo, hace años que en las bibliotecas públicas del Reino Unido no figura ni una sola traducción entre los cien libros más prestados. Es decir, prácticamente todos los libros que piden los usuarios fueron escritos en inglés. En España, desgraciadamente, se desconocen los datos sobre los libros más solicitados en las bibliotecas públicas, que más que bibliotecas son pequeños monumentos a la falta de vergüenza del Ministerio de Cultura de este país de siesta y desidia.

Por otra parte, en 2007 no figura ni una sola traducción entre los 20 libros más vendidos en Estados Unidos (con ventas que van desde siete millones hasta 495.000 unidades). También nos ofrece Manuel Rodríguez Rivero datos globales del mundo angloparlante, si bien del año 2004. En aquel período, tan solo el 3,85% de los libros publicados en el conjunto de los países de habla inglesa fueron traducciones, frente a un 28,2% en España (o una cantidad que suele oscilar entre el 40 y el 50% en los Países Bajos).

Durante el siglo XX sólo tres obras de autores hispanohablantes (una de ellas escrita en inglés) consiguieron colarse entre los diez primeros puestos en las listas de best-sellers de Estados Unidos: Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Blasco Ibañez (1919), The last puritan, de George Santayana (1935) y Como agua para chocolate de Laura Esquivel (1993).

Ahora se habla mucho del éxito en Estados Unidos de La sombra del viento de Ruiz Zafón y La cena secreta de Javier Sierra (que al parecer es el primer libro escrito en español que ha conseguido figurar en la lista de best-sellers del New York Times). Pero no nos engañemos. Que estos libros hayan conseguido cierta repercusión en el mundo anglosajón no indica un cambio de tendencia en su ya tradicional desinterés por todo lo que sucede fuera de su barrio.

Pero si es criticable la actitud de los anglosajones, más lo es si cabe la de los editores españoles, que más de la mitad de las traducciones que publican son libros escritos originalmente en inglés. No puedo estar más de acuerdo con el párrafo que cierra la columna de Manuel Rodríguez Rivero del pasado 13 de febrero sobre este asunto:
Las traducciones han sido, desde la “Epopeya de Gilgamesh” en adelante, uno de los más fecundos puentes entre culturas y civilizaciones. Que el país más poderoso de la tierra se muestre tan empecinadamente carente de curiosidad por lo que se escribe en otras lenguas no es un buen síntoma. Como, al revés, quizás sea también signo de papanatismo provinciano el hecho de que casi el 50% del total de lo que se traduce en España provenga de la lengua de Shakespeare, convertida ahora en koiné imperial. Así estamos.

17-02-2008 at 13:58 2 comentarios

La señora Verona baja de la colina

Dimitri Verhulst Mevrouw Verona daalt de heuvel afMevrouw Verona daalt de heuvel af
Dimitri Verhulst

Editorial Contact © 2006

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Dimitri Verhulst (Flandes, 1972) es un escritor sublime, un artista de la palabra que nos sorprende en cada página con deliciosos hallazgos lingüísticos. Ya sólo los títulos de sus libros son capaces de conmover por sí mismos, como es el caso de De helaasheid der dingen, su penúltimo trabajo. La explicación y búsqueda de una traducción adecuada para ese lema requerirían una entrada aparte, así que de momento ahí lo dejo. Aquí y ahora sólo quería hablar de su último libro.

Hace algo más de un año apareció Mevrouw Verona daalt de heuvel af (La señora Verona baja de la colina), un relato muy original que poco tiene que ver con el mencionado más arriba. La señora Verona y el señor Pottenbakker se instalan, siendo dos jóvenes enamorados, en una casita de cuento situada en una de las tres colinas de un apartado pueblo. El señor Pottenbakker es un fumador compulsivo que, como consecuencia de ello, enferma de forma irreversible siendo aún relativamente joven. La señora Verona llora a su manera la temprana muerte de su pareja. Cuando alcanza la respetable edad de 82 años siente que ha llegado su hora y decide bajar de la colina, sabiendo que ya nunca más volverá a subir. Su memoria hace un repaso de los habitantes más pintorescos del pueblo, desde la única doctora hasta el loco de la tienda de ultramarinos, pasando por el tonto del pueblo y los jóvenes que intentaron seducirla cuando quedó viuda. Las anécdotas se suceden a gran velocidad y aparecen ante nosotros de forma nítida, vívida, como si el tiempo se hubiera detenido o nos mostraran un álbum de fotografías. Todos estos elementos históricos constituyen la espina dorsal del relato. Los pensamientos de la señora Verona nos llevan finalmente hacia el pasado más remoto, hasta los momentos de felicidad desbordante junto al gran amor de su vida.

La prosa de Verhulst tiene una gran carga poética. Desde la primera frase atrapa nuestra atención y ya no nos vuelve a dar tregua. A pesar de lo grave del tema que trata la novela, a menudo no nos queda más remedio que soltar una carcajada.

El único punto negativo es que el libro es demasiado corto. Sólo son 112 páginas, y uno se queda con ganas de más.

La señora Verona baja de la colina fue finalista de la última edición del prestigioso premio literario AKO, que se falló en noviembre de 2007.

Gonzalo Fernández

22-01-2008 at 22:53 2 comentarios

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