Cuando lo único que queda para comer son las uñas

05-09-2010 at 22:15 Deja un comentario

Graan
Graan
(Cereales)
Ruben van Dijk
Editorial A.W. Bruna © 2010

Ruben van Dijk, seudónimo de Thomas van Slobbe, escribe thrillers en los que aborda cuestiones relacionadas con la ecología. La ola de calor vivida este verano en Rusia, y la consecuente pérdida de cosechas, han colocado de repente a su última novela, Graan (Cereales), en el epicentro de la actualidad.

Para experimentar en sus propias carnes el hambre que asola Europa en su segundo ecothriller, Ruben van Dijk ayunó durante diez días y hasta comió lombrices. En la novela, un relato apocalíptico en el que todos los ingredientes se han dosificado con gran destreza, un virus misterioso acaba con las reservas mundiales de cereales, lo cual provoca una subida desorbitada en los precios de los demás alimentos disponibles. Para sobrevivir, el hombre se ve abocado al consumo de ortigas, lombrices, palomas de ciudad y peces de aguas estancadas.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la situación actual no es tan acuciante como en el invierno de 2007, cuando los precios de los alimentos se dispararon y en muchos países se produjeron disturbios. Sin embargo, el libro de Ruben van Dijk, publicado a principios de 2010, muestra paralelismos muy interesantes con la actualidad informativa. El mes pasado, Rusia vetó la exportación de cereales cuando se supo que la mayor parte de sus cosechas se habían perdido como consecuencia de la pertinaz sequía, lo cual hace que la situación en Oriente Medio sea, cuando menos, preocupante. En Pakistán, después de las inundaciones, la escasez de alimentos para consumo de los animales se ha convertido en un problema que, a su vez, podría poner en peligro la disponibilidad de alimentos para el hombre. Todo ello ha provocado que el precio de los cereales se haya duplicado en pocos meses.

En Graan, historia que comienza el 13 de abril de 2012 con una entrevista en la sede de la CIA, el gobierno chino compra de un plumazo todas las reservas de soja de Argentina. En Europa, millones de cerdos se quedan de la noche a la mañana sin nada que comer, los mataderos no dan abasto con tanto marrano desahuciado y los cadáveres de los animales comienzan a apilarse en las calles. El pánico se apodera de los ciudadanos de todo el mundo, y aquellos que ostentan el poder se dejan seducir por la corrupción y la especulación.

Ruben van Dijk es un escritor metódico, con un afán de perfeccionismo que raya en lo obsesivo. Según cuenta, antes de sentarse ante el ordenador visita todos los escenarios y ambientes en los que se va a desarrollar la trama, y se mete en la piel de los personajes para decidir cuál será su reacción ante cada nuevo giro de la acción. No en vano, Van Dijk se declara admirador de Jim Jarmusch, un director de cine conocido por su habilidad para llevar al espectador de la mano de su personaje principal.

Los protagonistas de la novela son Peter Vink, un político con un gran sentido del pragmatismo, y Lara, una joven okupa con ciertos ideales anarquistas un tanto trasnochados. Estos dos polos opuestos terminan por encontrar puntos de interés común en la lucha por una mayor biodiversidad, el fomento de la agricultura local y los incentivos a los cultivos personales en la ciudad. Sin embargo, más que en la política agraria, el autor pone el acento en la importancia de aprender a valerse por uno mismo y en la necesidad de tener un grado alto de flexibilidad para adaptarse a circunstancias extremas, cualidades que el hombre moderno parece haber perdido. Todos confiamos a ciegas en el buen funcionamiento de nuestro sistema económico y social. Si hay algún problema de abastecimiento ya lo resolverán los supermercados, y si no, el gobierno. Nadie se siente responsable de nada, y nadie toma iniciativas personales para proveerse de alimentos. El caos podría desatarse en cualquier momento, parece decir Ruben van Dijk, justo ahora que hemos perdido nuestra capacidad para reaccionar ante las catástrofes.

En este sentido, Graan podría considerarse un thriller pospolítico. Después del fracaso de Copenhague, nadie quiere seguir dependiendo de lo que decidan los gobiernos en materia ecológica. Es hora de que cada uno tome las riendas de su vida y actúe de acuerdo con sus convicciones. Pero por suerte no estamos ante un panfleto ideológico, sino ante un auténtico libro de acción e intriga social con el que es difícil no morderse las uñas mientras se avanza hacia el desenlace.

El género del ecothriller, un fenómeno relativamente reciente, parece haber tomado alas desde la publicación de La carretera de Cormac McCarthy. Posteriormente llegaría El quinto día, de Frank Schätzing; y con Avatar, la última propuesta cinematográfica de James Cameron, el germen ha conseguido implantarse de forma definitiva en el gran público. Ahora tenemos Graan, otro hito en un camino por el que aún queda mucho por andar.

Gonzalo Fernández
www.gonzalofernandez.es


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