Archive for enero, 2009

El origen del calvinismo en Holanda

Calvijn! Hace quinientos años nació el reformador al que los holandeses deben, según se suele decir, su carácter sobrio. La cuestión, ahora, es determinar en qué medida Holanda ha sido realmente calvinista o si aún lo es. Para ello se publican este año libros, sitios web y hasta una revista monográfica en papel cuché, y se celebran innumerables ciclos, conferencias y lecturas.
2009: el año de Calvino ya está aquí.

Juan Calvino nació en 1509 como Jean Cauvin en Noyon, Francia. Sin embargo, en ningún lugar tuvo tantos seguidores como en Holanda, que debido a ello recibe desde hace ya varios siglos la etiqueta de país calvinista.

Según la historiadora Mirjam van Veen, de la Universidad Libre de Amsterdam, el calvinismo caló en los Países Bajos por la concurrencia más o menos casual de una serie de circunstancias. El catolicismo se asociaba en el siglo XVI con las pretensiones imperialistas de España. Los católicos, por lo tanto, no eran de fiar. Bien es cierto que Lutero (1483-1546) se opuso, algunos decenios antes que Calvino, a la doctrina católica. Pero él decía que en ningún caso se debía ofrecer resistencia al poder público, aunque éste fuera católico. Esto eliminaba al luteranismo como potencial fuerza motora de la sociedad. Una tercera corriente protestante, la de los anabaptistas, se anuló a sí misma debido a las extrañas maneras y al trágico final, en el patíbulo, de Juan de Leiden (1509-1536), que había participado en el levantamiento de la ciudad alemana de Münster y se había autoproclamado príncipe del reino de Sion.

El calvinismo era al principio, por lo tanto, sólo una más de las diversas corrientes de pensamiento protestante existentes en Holanda. Su éxito se debió a que ofrecía la fórmula que mejor se adaptaba a la constelación política y social de aquel momento histórico en el que comenzaba el levantamiento contra España.

Van Veen ha escrito un libro sobre el tema, Een nieuwe tijd, een nieuwe kerk (más o menos: Nuevos tiempos, nueva iglesia), publicado en este primer mes del año de Calvino. El calvinismo, dice la historiadora, reconocía el derecho de levantamiento contra el poder público. Además, ponía mucho énfasis en la importancia de las comunidades eclesiásticas locales, lo cual fue muy bien acogido en un momento de crecimiento de las ciudades, que exigían más y más independencia respecto al poder central. A pesar de todo, Holanda nunca llegó a abrazar el calvinismo de forma completa. Determinadas costumbres católicas siguieron existiendo, como el hecho de que los cortejos fúnebres partieran de la iglesia o que doblaran las campanas en los entierros. Para los verdaderos calvinistas eso es superstición. Tampoco desaparecieron celebraciones como San Nicolás (equivalente a los Reyes Magos en España) o las ferias de atracciones paganas. Las autoridades locales las toleraron por no perturbar la paz y el buen orden. También se mantuvo la práctica de ofrecer misas los días de Ascensión del Señor, Navidad y fin de año, las cuales no contaban con el beneplácito de Calvino.

Los calvinistas no aspiraban a formar una comunidad cristiana extensa en número de miembros, sino una pura y practicante. Pero tampoco lo lograron. Al igual que en la Iglesia católica, todos los niños eran bautizados, independientemente de las convicciones de los padres. Determinadas prácticas, por lo tanto, tenían poco o ningún vínculo con la doctrina.

Otro principio calvinista era que la iglesia local tenía siempre la última palabra, nunca el Papa o un concilio.

Hay muchos términos y calificaciones que se consideran típicamente calvinistas. Según la profesora Van Veen, unas veces de forma justificada y otras veces no tanto.

A continuación, una lista aclaratoria de esos términos y calificaciones presuntamente calvinistas:

Sombrío
El levantamiento contra la Iglesia católica comenzó precisamente como medicina contra el miedo. Los católicos se planteaban la pregunta: ¿cómo alcanzo la pureza, la santidad? Para ello se podía, por ejemplo, realizar buenas obras. Pero si uno se tomaba esa tarea en serio, nunca había fin, nunca se alcanzaba el objetivo. Los reformistas, por su parte, decían a los creyentes que su santidad y su pureza estaban garantizadas. El carácter sombrío viene en realidad de una variante tardía del calvinismo, en la que el hombre se preguntaba si realmente era cierta esa promesa de santidad. Esas dudas y esa falta de respuesta a las grandes preguntas podrían constituir la raíz de las sombras y la melancolía que se ciernen sobre muchas obras literarias y artísticas procedentes de los Países Bajos.

Sobrio
El calvinismo ponía mucho énfasis en la sobriedad. Pero en aquel tiempo, este ideal tenía contornos muy difusos. También había motivos prácticos para la sobriedad y las actitudes reservadas: durante la Guerra de los Ochenta Años murieron más soldados españoles de sífilis que en combate.

Beligerante con otras culturas
Efectivamente, en el calvinismo hay elementos de confrontación con otras culturas. Como la resistencia obstinada a la exhibición de pinturas e imágenes en la iglesia. Calvino prefería las iglesias blancas, en las que nada distrajera la atención de la Palabra de Dios. En 1566, muchos calvinistas participaron en la campaña de destrucción de imágenes.

Dogmático
No, Calvin no era dogmático. Su obra no se basa en un principio único e inamovible y tampoco pensaba que la Biblia fuera infalible de principio a fin.

Igualitario
Sí, en el calvinismo la riqueza obliga a comportarse de forma responsable. La ostentación es una actitud intolerable.

Formativo
La tradición calvinista otorga mucha importancia a la formación intelectual de cada individuo. El hombre tiene sus responsabilidades ante Dios, y estudiar es una de ellas. El conocimiento de la Biblia y los principios del calvinismo se consideraban fundamentales. Pero los calvinistas también se formaban en otras materias. Los teólogos debían poder ser transmisores de cultura y estar en condiciones de participar en debates de toda índole. Pero la atención a la formación y el conocimiento no era exclusiva del calvinismo. En aquel tiempo la Iglesia católica también redescubrió el valor del conocimiento de la Biblia.

Fiel a la autoridad
Sí, los calvinistas tenían expectativas elevadas del poder público, al que consideraban al servicio de Dios para velar por la comunidad. Esto implicaba responsabilidad para el poder y obligaciones para los miembros de la comunidad. Un estado calvinista es paternalista.

Disciplinado
Sí, la disciplina en la vida personal y social era un rasgo típico del calvinismo. Calvino era jurista y para él una buena legislación era primordial. Se inmiscuía, por ejemplo, en la reglamentación del matrimonio. La implantación de reglas y leyes es sin duda una característica del calvinismo.

Escrupuloso con la ley de Dios
Calvino era partidario del descanso dominical, pero no se mostraba inflexible en este punto. Hay constancia de al menos un viaje por barco que hizo en domingo y muchos de sus escritos están fechados en domingo.

Exclusivo
En Holanda vivía en efecto cierto sentimiento de ser el pueblo elegido, un ejemplo para otros pueblos. Pero ese sentimiento se daba también en otros países y era característico de aquellos tiempos de nacionalismo incipiente. En Estados Unidos todavía existe, y los americanos son creyentes pero no calvinistas.

Gonzalo Fernández
www.gonzalofernandez.es

Adaptación libre del artículo ‘Ons calvinisme is ook maar toeval’ de Herman Amelink publicado en NRC Handelsblad el 14 de enero de 2009.

20-01-2009 at 15:38

La increíble vida de Chet Baker

Chet BakerChet Baker
Jeroen de Valk
Editorial Van Gennep © 2007
E-mail: info@vangennep-boeken.nl

Esta biografía de Chet Baker, del periodista holandés Jeroen de Valk, es un clásico moderno en la historia escrita del jazz. Es la obra más autorizada sobre la vida de un músico que veinte años después de su muerte sigue siendo un héroe de culto, el retrato íntimo de un trompetista único e irrepetible.

Tras su irrupción en el estrellato a principios de la década de los años 50, como miembro del legendario cuarteto de Gerry Mulligan, Baker inició una vida que alcanzaría proporciones mitológicas. Famoso en el mundo entero como intérprete y compositor, recorrió el globo durante años cual hobo de clase alta, sin hogar ni cuenta bancaria, pero siempre bien surtido de drogas. Un hombre guapo y soñador que podía encandilar con sus improvisaciones a los mismísimos pájaros, un trompetista que además cantaba e hipnotizaba audiencias con actuaciones celestiales, un yonqui incorregible que se perdía conciertos porque había sido arrestado o porque necesitaba más tiempo para que su boca se adaptara, una vez más, a una dentadura nueva.

Para la prensa amarilla era un filón: jazz y drogas. Este libro, sin embargo, es un contrapeso sublime al sensacionalismo fácil. De Valk presenta hechos e historias reales basadas en una investigación a la que ha dedicado gran parte de su vida y no deja sitio para el romanticismo o la especulación psicológica. Lo último que necesita la vida de Baker son hipérboles.

Chet Baker es una versión nueva, dos veces más extensa y casi reescrita por completo, de la biografía que apareció por primera vez en 1989. De Valk aporta gran cantidad de información nueva gracias a muchos músicos que tocaron con Baker y que hasta hace poco no habían querido hablar, y gracias a internet, que le ha permitido contactar con personas a las que anteriormente no tuvo acceso. Incluso ha conseguido sacar a la luz nuevos datos sobre la muerte de Chet Baker, cuando cayó desde la ventana de su hotel en Ámsterdam, el 13 de mayo de 1988.

Esta biografía pone en tela de juicio la noción americana de que Chet Baker estaba acabado desde 1956, ofrece nuevos datos sobre el período italiano a principios de los sesenta y sobre el lustro 68-73, cuando el músico preparaba su regreso a los escenarios. También se incluye una discografía extensa, con comentarios sobre 250 grabaciones.

En definitiva, un libro imprescindible para acercarse a la vida y obra de Chet Baker, escrito con pasión y con mucha cabeza.

Gonzalo Fernández
www.gonzalofernandez.es

19-01-2009 at 16:34

El pequeño Félix

Kleine Felix
Kleine Felix (El pequeño Félix)
Peter van Gestel
Editorial Querido Kind © 2008

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Peter van Gestel (Amsterdam, 1937), autor de libros infantiles y juveniles, ha escrito muchas historias ambientadas en nuestros días, historias muy buenas y a veces incluso excelentes. Sin embargo, el espacio temporal en el que sus habilidades narrativas salen a relucir con todo su brillo es el Amsterdam de la posguerra, el de los años inmediatamente posteriores a la ocupación nazi. Así lo demostró en 2001 con Winterijs (literalmente, “Hielo de invierno”) en el que los traumas causados por la persecución judía reciben la terapia de la sensibilidad tragicómica.

Ahora aparece Kleine Felix (El pequeño Félix). Ya en la primera página queda claro que el relato se desarrolla poco después de la guerra. Todo lo que viene después no hace más que corroborar que Van Gestel se encuentra en su salsa. Con pocas y certeras pinceladas dibuja con gran precisión el Amsterdam de aquellos días y en apenas 140 páginas da vida, en varias historias trenzadas, a un maravilloso elenco de personajes.

El protagonista es Félix, un niño de 9 años con una infancia despreocupada al que le gusta colarse en los famosos cines Tuschinski de la capital holandesa. Pero dos sucesos inesperados cambian completamente sus circunstancias: sus padres se ven obligados a emprender un viaje de varios meses y su primita emigra a Australia junto a su familia. Félix se ve de pronto en el asilo infantil de sus tíos, donde nada es como él recordaba de sus visitas. Pero no tardará en escaparse de allí…

Félix es un niño soñador que tan pronto resulta resabido como ingenuo, como en los diálogos con su tío en el asilo. Con las chicas, por otra parte, sus conversaciones tienen un carácter más cómico. Félix observa su entorno y todas las cosas cotidianas, dando vida así a los grandes acontecimientos. Pero él encuentra la felicidad en las cosas pequeñas, como cuando su padre, artista de variedades, le hace una demostración de su nuevo acto. Nunca se había sentido tan cerca de su padre como entonces…

Un libro espléndido para niños y niñas hasta trece o catorce años, pero también un deleite para cualquier adulto.

Gonzalo Fernández

14-01-2009 at 16:32

Irritaal

IrritaalBen van Balen (vaya nombrecito), es el autor de uno de los blogs más curiosos que existen sobre el uso actual de la lengua neerlandesa. En concreto, se dedica a denunciar determinadas costumbres lingüísticas que producen urticaria: patadas al diccionario, expresiones incorrectas, muletillas, repetición ovina de memeces popularizadas por la televisión y otras lindezas. Una delicia, en definitiva, para cualquier persona familiarizada con el neerlandés contemporáneo o interesada en su aprendizaje.

El blog, con el sugerente título de Irritaal, tendrá próximamente una versión en forma de libro. La portada del mismo, en la imagen, ya está lista para la imprenta.

De forma paralela a Irritaal, Ben van Balen puso en marcha recientemente otra web para elegir por votación popular la palabra o expresión más irritante de 2008 (http://irritantstewoord.nl). La expresión ganadora es “ik heb zoiets van” y la lista de candidatos no tiene desperdicio. ¡No se la pierdan!

08-01-2009 at 18:52

El invierno en Bratislava

Siempre he tenido la manía, mientras leo, de apuntar frases o pequeños párrafos que por algún motivo hayan llamado mi atención. Pero nunca lo he hecho de forma sistemática, ni me he molestado jamás en guardar esos trozos de papel, agendas o libretas donde a lo largo de los años he copiado pensamientos e ideas encontradas en los libros.

Ahora se me ocurre que todas esas citas que voy anotando serían el contenido ideal para un cuaderno de bitácora digital. Y así ha nacido El invierno en Bratislava, un lugar donde ir acumulando citas literarias y aforismos.

El invierno en Bratislava
http://elinviernoenbratislava.wordpress.com

05-01-2009 at 22:25


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