Hugo Claus (1929-2008)

21-03-2008 at 12:58 1 comentario

Hugo Claus

Fuente: NRC Handelsblad
Fotografía: Vincent Mentzel

Pena es una palabra demasiado limitada para describir el dolor que atrapó antes de ayer a Flandes. Esta primavera se celebraba el 25 aniversario de Het verdriet van België (en España traducido de forma demasiado acartonada como La pena de Bélgica). Una lista interminable de escritores flamencos se preparaba ya para homenajear al más honorable entre todos ellos tanto por escrito como sobre los escenarios. Pero apenas habían comenzado las celebraciones, desaparece para siempre de la escena Hugo Claus. El escritor flamenco más laureado de todos los tiempos murió en Amberes a los 78 años de edad en un momento determinado por él mismo, según la viuda. Claus padecía Alzheimer. “No tengo miedo a la muerte, sino al deterioro,” había dicho ya hace algunos años.

Con Claus muere el gran liberador de las letras flamencas, el hombre que mostró a las nuevas generaciones cómo romper las cadenas del conservadurismo y la pequeña burguesía. Tom Lanoye, Erwin Mortier, Herman Brusselmans, Stefan Brijs, Dimitri Verhulst… Sería difícil encontrar un escritor flamenco para quien Claus no allanara el camino. Pero Claus era sobre todo un escritor que se otorgaba toda la libertad a sí mismo. Libertad para acometer tabúes como el sexo y el colaboracionismo. Libertad para profundizar en la literatura universal y sobre todo libertad para experimentar y reinventarse continuamente. Con la ambición y la arrogancia de un chico de doce años, como él mismo dijo en una ocasión.

La historia de Hugo Claus es la historia de un niño prodigio que llegó al mundo de la literatura con veinte años y que, con perpetua temeridad juvenil, se negó a imponerse limitaciones. “Para mí lo único que cuenta es el experimento que inicio en cada momento,” dijo en 1978. Hugo Claus escribió prosa, poesía y teatro, pero también fue cineasta y pintor. Su bibliografía incluye más de trescientos libros.

La historia de Hugo Claus es también la historia de un hombre que compuso una obra monumental y que a lo largo de su vida sobresalió por encima de sí mismo no sólo una, sino dos veces. La primera cuando tenía 26 años y escribió los magistrales versos de De Oostakkerse gedichten (Los poemas de Oostakker). La segunda treinta años más tarde, en 1983, con Het verdriet van België (La pena de Bélgica). En esta novela, grande y grandiosa, Hugo Claus confronta a sus compatriotas con todas las miserias del país: los internados, la pequeña burguesía, el catolicismo y el colaboracionismo. Pero el libro protagonizado por el inolvidable Louis Seynaeve también es una emocionante evocación de aquello que más brilla en el horizonte de un joven: la llamada del arte. El arte como única forma de liberación. Esta novela es la historia de Bélgica, pero también es la historia del propio Hugo Claus.

El lenguaje de Claus era único. Para los holandeses se trataba del flamenco auténtico, pero era sobre todo el lenguaje de Hugo Claus. “No me gustaría caer en el uso de una lengua folklórica o provincial. Pero lamento ver cómo algunos autores están obsesionados con escribir según las normas académicas del lenguaje.”

Claus se convirtió en una estrella internacional, su nombre circuló en muchas ocasiones como potencial ganador del Nobel y La pena de Bélgica llegó a editarse en la prestigiosa serie Modern Classics de Penguin.

Hugo Claus nació en Brujas en 1929. A finales de 2006 se le diagnosticó Alzheimer, pero no quiso esperar a ver lo que esa enfermedad habría de depararle. Tenía miedo de la decadencia y el progresivo deterioro. “No quiero pasar por lo que pasó mi padre, que me suplicaba para que le consiguiera una pastilla. ‘Habla con el médico,’ me decía. Pero el médico no quería darle nada”. El hecho de que Claus sí dispusiera de esa pastilla podría considerarse como una última victoria sobre el conservadurismo contra el que luchó durante toda su vida. Pero es una victoria muy pequeña frente a una gran pena.

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