Papanatismo provinciano

17-02-2008 at 13:58 2 comentarios

Son cosas que ya sabíamos: en el mundo anglosajón no hay ningún interés por lo que se escribe en cualquier lengua que no sea el inglés; y en nuestra querida España casi todo lo que se traduce proviene del inglés. Esto último es lo que Manuel Rodríguez Rivero denomina, con gran acierto, papanatismo provinciano.

Manuel Rodríguez Rivero es un personaje curioso que se autodefine como crítico editorial antes que literario. Es un comentarista de los entresijos del mundo editorial, pongámoslo así. En su columna semanal en El País, Ídolos de la cueva, decía la semana pasada muchas cosas y muy interesantes sobre la publicación de traducciones.

En el citado artículo se ofrecen algunos datos que vienen a confirmar, una vez más, el pertinaz afán de los angloparlantes por mirarse el ombligo. Por ejemplo, hace años que en las bibliotecas públicas del Reino Unido no figura ni una sola traducción entre los cien libros más prestados. Es decir, prácticamente todos los libros que piden los usuarios fueron escritos en inglés. En España, desgraciadamente, se desconocen los datos sobre los libros más solicitados en las bibliotecas públicas, que más que bibliotecas son pequeños monumentos a la falta de vergüenza del Ministerio de Cultura de este país de siesta y desidia.

Por otra parte, en 2007 no figura ni una sola traducción entre los 20 libros más vendidos en Estados Unidos (con ventas que van desde siete millones hasta 495.000 unidades). También nos ofrece Manuel Rodríguez Rivero datos globales del mundo angloparlante, si bien del año 2004. En aquel período, tan solo el 3,85% de los libros publicados en el conjunto de los países de habla inglesa fueron traducciones, frente a un 28,2% en España (o una cantidad que suele oscilar entre el 40 y el 50% en los Países Bajos).

Durante el siglo XX sólo tres obras de autores hispanohablantes (una de ellas escrita en inglés) consiguieron colarse entre los diez primeros puestos en las listas de best-sellers de Estados Unidos: Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Blasco Ibañez (1919), The last puritan, de George Santayana (1935) y Como agua para chocolate de Laura Esquivel (1993).

Ahora se habla mucho del éxito en Estados Unidos de La sombra del viento de Ruiz Zafón y La cena secreta de Javier Sierra (que al parecer es el primer libro escrito en español que ha conseguido figurar en la lista de best-sellers del New York Times). Pero no nos engañemos. Que estos libros hayan conseguido cierta repercusión en el mundo anglosajón no indica un cambio de tendencia en su ya tradicional desinterés por todo lo que sucede fuera de su barrio.

Pero si es criticable la actitud de los anglosajones, más lo es si cabe la de los editores españoles, que más de la mitad de las traducciones que publican son libros escritos originalmente en inglés. No puedo estar más de acuerdo con el párrafo que cierra la columna de Manuel Rodríguez Rivero del pasado 13 de febrero sobre este asunto:
Las traducciones han sido, desde la “Epopeya de Gilgamesh” en adelante, uno de los más fecundos puentes entre culturas y civilizaciones. Que el país más poderoso de la tierra se muestre tan empecinadamente carente de curiosidad por lo que se escribe en otras lenguas no es un buen síntoma. Como, al revés, quizás sea también signo de papanatismo provinciano el hecho de que casi el 50% del total de lo que se traduce en España provenga de la lengua de Shakespeare, convertida ahora en koiné imperial. Así estamos.

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2 comentarios

  • 1. Geógrafo Subjetivo  |  17-02-2008 en 16:15

    Tengo la impresión que el artículo que citas confunde venta con traducciones. En diversos campos, en EEUU, se traduce desde muchos otros idiomas. Otro asunto es el gran público y lo provinciano que éste pueda ser.

  • 2. Gonzalo Fernández  |  18-02-2008 en 9:42

    Sí, así es. El artículo se refiere principalmente al porcentaje de traducciones (cero) entre los libros más vendidos en EEUU y Gran Bretaña.

    El único dato de publicación de traducciones en el mundo angloparlante es el del 3,85% del total, pero no se especificaba si ese total incluye publicaciones científicas.

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