Archive for julio, 2007

La hipótesis de Sapir-Whorf

¿Por qué es tan difícil traducir un texto? Quizá sea porque siempre traducimos de otra lengua. Puede parecer una perogrullada, pero es que traducir no es una simple cuestión de buscar palabras en un diccionario y sustituirlas por las que había en el original. Los idiomas tienen estructuras distintas. Cada lengua implica una forma única de observar el mundo.

La lingüista holandesa Marianne Starren ha descubierto recientemente, por ejemplo, que los alemanes perciben el mundo de forma bien distinta a los ingleses. Si mostramos un vídeo de un tren en marcha a un grupo de alemanes y les pedimos que describan lo que ven, inventarán una estación que no aparece en la imagen: “El tren va hacia la estación, o se aleja de ella“. Sin embargo, los ingleses verán un tren en marcha sin más: “El tren está en marcha“. O sea: “The train is riding“. Ellos disponen de la forma ‘-ing’ de los verbos, el llamado presente continuo. Con él pueden indicar fácilmente que algo sucede ahora, en este preciso instante, mientras que en alemán es gramaticalmente bastante más complicado y hay que recurrir a una perífrasis poco natural. En cada idioma se dicen por lo tanto cosas que tienen más relación con la estructura gramatical de la lengua que con aquello que se quiere expresar.

Todo lo dicho viene a reforzar las ideas de los americanos Sapir y Whorf, que en 1956 formularon la hipótesis que lleva su nombre y que más o menos dice:

La percepción y conceptualización de la realidad por parte de las personas depende en gran medida del idioma que utilizan“.

Debido a ello, y por nombrar un ejemplo, la concepción del tiempo de los malayos es mucho más plana y simple que la nuestra, pues su idioma no hace distinción entre los tiempos pasado y presente.

Richard Rorty, un filósofo americano recientemente fallecido, también era consciente de los peligros y las alegrías de la fuerza creadora de las palabras. Según él, el lenguaje no es un reflejo de la realidad, como se suele pensar, sino algo que forma parte de ella.

Recientemente se ha sabido también, gracias a las investigaciones de la musicóloga japonesa Makiko Sadakata, que el ritmo propio de cada idioma se refleja en la música escrita en ese lenguaje. Es decir, el ritmo de una canción pop británica coincide con el ritmo del inglés, y ese ritmo, a su vez, es distinto al de una canción pop francesa o japonesa. Vamos, que desde el punto de vista de un traductor es como para volverse locos. No sólo debes preguntarte si aquello que quieres traducir se dice así en español. También tienes que considerar otras muchas cuestiones no menos importantes: ¿Es así como observamos el mundo en español? ¿Es ese el sonido apropiado del español? ¿Qué ritmo es el equivalente al original? ¿Es la estación de trenes algo propio del alemán y por lo tanto un elemento a eliminar en la traducción? Y si eliminamos la estación, ¿estamos siendo fieles al original? Por otra parte, si las palabras son cosas que no reflejan la realidad sino que forman parte de ella, ¿cómo afrontar la traducción de un texto? ¿Podemos traducir algo como si se hubiera escrito originalmente en español? Y en caso afirmativo, ¿es eso deseable? ¿No deberíamos respetar el ritmo y estructura del original para así viajar mentalmente a otro país?

Queridos colegas traductores, más nos vale andar con cuidado. Porque como nos perdamos en este laberinto de preguntas nos vamos a coger un translator’s block de aquí a Tokio.

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Adaptación libre de un artículo publicado en Vertalië el 18 de junio de 2007 por Robbert-Jan Henkes y Erik Bindervoet.

Robber-Jan y Erik son traductores literarios. Entre otras obras, han traducido al neerlandés Lectures on literature de Nabokov, Finnegan’s Wake de James Joyce y la antología de The Beatles.

Vertalië es un blog del periódico NRC Handelsblad.

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11-07-2007 at 22:22 6 comentarios

La madre de todas las bibliotecas

Después de más de tres años de obras y muchos más de planificación, hoy (07-07-07) abre por fin sus puertas la nueva sede central de la red de bibliotecas públicas de Ámsterdam (www.oba.nl). El flamante nuevo edificio está situado en la orilla del IJ, junto a la estación central, y cuenta con un diseño espectacularmente funcional.

Sacar un libro será a partir de ahora “una auténtica experiencia“, según las palabras del director de la entidad. Todo el proceso de préstamo de materiales está automatizado mediante un moderno sistema de almacenamiento que recuerda a la fábrica de chocolate que soñó Roald Dahl.

Los datos de la nueve sede son mareantes, especialmente si se comparan con el antiguo edificio del famoso canal Prinsengracht. A saber:

28.000 metros cuadrados de superficie.

25 kilómetros de estantes con libros.

750.000 cintas de audio y vídeo, incluidos más de 60.000 CD’s de una colección que no deja de crecer. Para quien piense en términos de mp3, esto sería el equivalente a más de 100 iPod’s de 80GB compeltamente llenos. Es decir… muchísima música.

Un teatro de 270 plazas, en el que ya hay eventos programados durante 21 días al mes hasta 2008.

Un teatro infantil de 40 butacas que, como no podía ser de otra manera, lleva el nombre de Annie M.G. Schmidt.

1.000 mesas de estudio, de las cuales más de la mitad están provistas de ordenador con pantalla plana y acceso a Internet de alta velocidad.

4 salas de reuniones para eventos diversos.

Una sala de exposiciones de 350 metros cuadrados.

Aparcamiento para 2.000 bicicletas.

Las fotografías muestran un edificio que más que una biblioteca parece un gigantesco y modernísimo cibercafé donde uno puede tomar un zumo natural en una silla de diseño con vistas a la ciudad, navegar Internet (tanto en un ordenador propio como en cualquiera de los que hay disponibles al público) o consultar el inmenso catálogo de libros, discos y películas para elegir algo que llevarse a casa durante unos días.

En definitiva, una auténtica maravilla al servicio del público, que podrá hacer uso de las instalaciones de forma absolutamente gratuita o pagar una pequeña cuota anual de socio para poder sacar materiales.

Y aquellos que no conozcan la lengua de los Países Bajos también tienen allí muchas cosas que hacer. Además de los mencionados CD’s y DVD’s, hay colecciones de libros en infinidad de idiomas, con especial atención al inglés, español, alemán y francés, además del árabe y el turco. Estas últimas son, no en vano, las lenguas maternas de los dos grupos de inmigrantes más grandes de Holanda.

Acostumbrados como estamos en España a los escándalos y corruptelas del mundo de la construcción, llama especialmente la atención la transparencia y perfección con que se ha llevado a cabo el proyecto: De los 80 millones de euros presupuestados, sólo han sido necesarios 73,5 y los plazos se han cumplido sin un solo retraso. Más de un asalariado público en España debería tomar buena nota de cómo hacer bien las cosas.

Fuentes: www.nrc.nlwww.oba.nl

07-07-2007 at 9:26


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