El paraíso según Eduardo Mendoza

12-02-2006 at 21:42

“Es posible que el paraíso sea un lugar donde puedes estar con tus diccionarios, con tu té, con un ordenador que no se cuelga y la perspectiva de ir traduciendo, sin prisas, durante toda la eternidad”.

Eduardo Mendoza

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Si pedimos información al oráculo acerca de los términos “eduardo mendoza”, “traducciones” y “traductor”, obtenemos aproximadamente 415.000 resultados, de los cuales muchos miles son relevantes. Eduardo Mendoza no sólo es uno de los escritores españoles vivos más interesantes, sino que además es un traductor literario vocacional y apasionado que ha ido dejando un interesantísimo legado de agudas observaciones y consejos a lo largo de muchos años de entrevistas, conferencias y simposios. He aquí una pequeña selección.

En la conferencia inaugural del curso 2002-2003 que ofreció a los alumnos de Traducción e Intrepretación de la Universitat Pompeu Fabra, titulada “La traducción y sus descontentos”, el escritor barcelonés aseguró que “el descontento es la característica común entre los traductores; de hecho, es la profesión con el porcentaje más elevado de malhumorados”.

“Una traducción sólo puede empeorar el original,” dijo también en aquella ocasión. Por eso, recomendó a los futuros traductores que empiecen por aceptar que su trabajo comportará una pérdida del diez por ciento de la obra.

“Traducir no es crear, sino investigar, intentar comprender qué dice el autor y transmitirlo a los demás”. Según Eduardo Mendoza, traducir debe basarse en la complicidad entre el autor, el traductor y el lector. Teniendo clara esa premisa y consultando mucho al escritor, si es que está vivo, se puede reducir el descontento y mejorar los resultados.

Volviendo al tema del descontento del traductor, Mendoza asegura que “los traductores no van precisamente riéndose a carcajadas por la calle”. Con ello quiere hacer referencia a lo mal pagados que están, las prisas, la falta de reconocimiento y la desconsideración hacia su trabajo.

En otra ocasión le preguntaron sobre la elección de su profesión como intérprete. Esta fue su respuesta: “La profesión la elegí relativamente. Siempre me gustó. Los idiomas, muchísimo. Lo que más me gusta es ese silencio. Si pudiera, me pasaría la vida estudiando idiomas. Para nada. En cuanto supiera uno me pasaría a otro porque ya perdería todo el interés. Lo que más me gusta es leer en idiomas que casi no entiendo. Y descifrar. Me gusta más descodificar los textos que disfrutarlos. Y eso me llevó naturalmente a la traducción.”

Otra vez, en 2006, defendió en la casa del traductor de Tarazona “la labor invisible, en la sombra y sin reconocimiento de los traductores”. Otras de las cosas que allí dijo fueron:

“La traducción sufre el maltrato de la literatura. Nunca una crítica literaria nombra la traducción, excepto las malas traducciones”.

“El fin de la traducción es disolverse en el mismo momento que se traduce, para dejar el texto en la puerta del lector”.

“Los valores del buen traductor son la modestia y la invisibilidad, así como la necesidad de combinar técnica e ingenio”.

“La profesión es poco clara, y los docentes desconfían de que la traducción sea un oficio y se pueda enseñar”.

En su discurso en Tarazona habló de la necesidad de la traducción e interpretación para comunicarse y se refirió a sus orígenes entre mercaderes, guías, espías o misioneros. También mencionó una afirmación de Humberto Eco: “La lengua de Europa es la traducción”. Sin embargo, para Eduardo Mendoza la traducción es más bien una “lengua franca” y afirmó que “será difícil llevar a cabo la Unión Europea con 600 lenguas, perjudicará a todos, incluso a los traductores”.

En el Fórum Barcelona 2004 Mendoza afirmó que sí se puede traducir, y que si la pregunta es si se pierde en la traducción su respuesta es “¿Y qué? El libro y el lector pierden, pero si intento leer una novela en húngaro seguro que lo pierdo todo”.

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