El origen del calvinismo en Holanda

20-01-2009 at 15:38

Calvijn! Hace quinientos años nació el reformador al que los holandeses deben, según se suele decir, su carácter sobrio. La cuestión, ahora, es determinar en qué medida Holanda ha sido realmente calvinista o si aún lo es. Para ello se publican este año libros, websites y hasta una revista monográfica en papel cuché, y se celebran innumerables ciclos, conferencias y lecturas.
2009: el año de Calvino ya está aquí.

Juan Calvino nació en 1509 como Jean Cauvin en Noyon, Francia. Sin embargo, en ningún lugar tuvo tantos seguidores como en Holanda, que debido a ello recibe desde hace ya varios siglos la etiqueta de país calvinista.

Según la historiadora Mirjam van Veen, de la Universidad Libre de Ámsterdam, el calvinismo caló en los Países Bajos por la concurrencia más o menos casual de una serie de circunstancias. El catolicismo se asociaba en el siglo XVI con las pretensiones imperialistas de España. Los católicos, por lo tanto, no eran de fiar. Bien es cierto que Lutero (1483-1546) se opuso, algunos decenios antes que Calvino, a la doctrina católica. Pero él decía que en ningún caso se debía ofrecer resistencia al poder público, aunque éste fuera católico. Esto eliminaba al luteranismo como potencial fuerza motora de la sociedad. Una tercera corriente protestante, la de los anabaptistas, se anuló a sí misma debido a las extrañas maneras y al trágico final, en el patíbulo, de Juan de Leiden (1509-1536), que había participado en el levantamiento de la ciudad alemana de Münster y se había autoproclamado príncipe del reino de Sion.

El calvinismo era al principio, por lo tanto, sólo una más de las diversas corrientes de pensamiento protestante existentes en Holanda. Su éxito se debió a que ofrecía la fórmula que mejor se adaptaba a la constelación política y social de aquel momento histórico en el que comenzaba el levantamiento contra España.

Van Veen ha escrito un libro sobre el tema, Een nieuwe tijd, een nieuwe kerk (más o menos: Nuevos tiempos, nueva iglesia), publicado en este primer mes del año de Calvino. El calvinismo, dice la historiadora, reconocía el derecho de levantamiento contra el poder público. Además, ponía mucho énfasis en la importancia de las comunidades eclesiásticas locales, lo cual fue muy bien acogido en un momento de crecimiento de las ciudades, que exigían más y más independencia respecto al poder central. A pesar de todo, Holanda nunca llegó a abrazar el calvinismo de forma completa. Determinadas costumbres católicas siguieron existiendo, como el hecho de que los cortejos fúnebres partieran de la iglesia o que doblaran las campanas en los entierros. Para los verdaderos calvinistas eso es superstición. Tampoco desaparecieron celebraciones como San Nicolás (equivalente a los Reyes Magos en España) o las ferias de atracciones paganas. Las autoridades locales las toleraron por no perturbar la paz y el buen orden. También se mantuvo la práctica de ofrecer misas los días de Ascensión del Señor, Navidad y fin de año, las cuales no contaban con el beneplácito de Calvino.

Los calvinistas no aspiraban a formar una comunidad cristiana extensa en número de miembros, sino una pura y practicante. Pero tampoco lo lograron. Al igual que en la iglesia católica, todos los niños eran bautizados, independientemente de las convicciones de los padres. Determinadas prácticas, por lo tanto, tenían poco o ningún vínculo con la doctrina.

Otro principio calvinista era que la iglesia local tenía siempre la última palabra, nunca el Papa o un concilio.

Hay muchos términos y calificaciones que se consideran típicamente calvinistas. Según la profesora Van Veen, unas veces de forma justificada y otras veces no tanto.

A continuación, una lista aclaratoria de esos términos y calificaciones presuntamente calvinistas:

Sombrío
El levantamiento contra la iglesia católica comenzó precisamente como medicina contra el miedo. Los católicos se planteaban la pregunta: ¿cómo alcanzo la pureza, la santidad? Para ello se podía, por ejemplo, realizar buenas obras. Pero si uno se tomaba esa tarea en serio, nunca había fin, nunca se alcanzaba el objetivo. Los reformistas, por su parte, decían a los creyentes que su santidad y su pureza estaban garantizadas. El carácter sombrío viene en realidad de una variante tardía del calvinismo, en la que el hombre se preguntaba si realmente era cierta esa promesa de santidad. Esas dudas y esa falta de respuesta a las grandes preguntas podrían constituir la raíz de las sombras y la melancolía que se ciernen sobre muchas obras literarias y artísticas procedentes de los Países Bajos.

Sobrio
El calvinismo ponía mucho énfasis en la sobriedad. Pero en aquel tiempo, este ideal tenía contornos muy difusos. También había motivos prácticos para la sobriedad y las actitudes reservadas: durante la Guerra de los Ochenta Años murieron más soldados españoles de sífilis que en combate.

Beligerante con otras culturas
Efectivamente, en el calvinismo hay elementos de confrontación con otras culturas. Como la resistencia obstinada a la exhibición de pinturas e imágenes en la iglesia. Calvino prefería las iglesias blancas, en las que nada distrajera la atención de la Palabra de Dios. En 1566, muchos calvinistas participaron en la campaña de destrucción de imágenes.

Dogmático
No, Calvin no era dogmático. Su obra no se basa en un principio único e inamovible y tampoco pensaba que la Biblia fuera infalible de principio a fin.

Igualitario
Sí, en el calvinismo la riqueza obliga a comportarse de forma responsable. La ostentación es una actitud intolerable.

Formativo
La tradición calvinista otorga mucha importancia a la formación intelectual de cada individuo. El hombre tiene sus responsabilidades ante Dios, y estudiar es una de ellas. El conocimiento de la Biblia y los principios del calvinismo se consideraban fundamentales. Pero los calvinistas también se formaban en otras materias. Los teólogos debían poder ser transmisores de cultura y estar en condiciones de participar en debates de toda índole. Pero la atención a la formación y el conocimiento no era exclusiva del calvinismo. En aquel tiempo la iglesia católica también redescubrió el valor del conocimiento de la Biblia.

Fiel a la autoridad
Sí, los calvinistas tenían expectativas elevadas del poder público, al que consideraban al servicio de Dios para velar por la comunidad. Esto implicaba responsabilidad para el poder y obligaciones para los miembros de la comunidad. Un estado calvinista es paternalista.

Disciplinado
Sí, la disciplina en la vida personal y social era un rasgo típico del calvinismo. Calvino era jurista y para él una buena legislación era primordial. Se inmiscuía, por ejemplo, en la reglamentación del matrimonio. La implantación de reglas y leyes es sin duda una característica del calvinismo.

Escrupuloso con la ley de Dios
Calvino era partidario del descanso dominical, pero no se mostraba inflexible en este punto. Hay constancia de al menos un viaje por barco que hizo en domingo y muchos de sus escritos están fechados en domingo.

Exclusivo
En Holanda vivía en efecto cierto sentimiento de ser el pueblo elegido, un ejemplo para otros pueblos. Pero ese sentimiento se daba también en otros países y era característico de aquellos tiempos de nacionalismo incipiente. En Estados Unidos todavía existe, y los americanos son creyentes pero no calvinistas.

Gonzalo Fernández
www.gonzalofernandez.es

Adaptación libre del artículo ‘Ons calvinisme is ook maar toeval’ de Herman Amelink publicado en NRC Handelsblad el 14 de enero de 2009.

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